LA LEY GENERAL DE EDUCACION Y LOS PROFESORES

Por Camila Vergara

A pesar de que el espíritu del proyecto de Ley General de Educación, basado en principios de equidad y justicia social, es acertado, y la definición del rol del estado en el derecho a la enseñanza es un paso hacia la dirección correcta, el proyecto deja de lado a los principales actores en el proceso de aprendizaje: los profesores.

Al igual que la mayoría de la fuerza laboral chilena, los profesores no están capacitados para entregar un servicio del siglo 21. Según el economista Ricardo Ffrench-Davis, una de las principales razones de por qué Chile está estancado económicamente es el bajo nivel de capacitación de su mano de obra. En otras palabras, la educación de los trabajadores chilenos es tan mala que no están cualificados para desempeñar labores sofisticadas, lo que desincentiva a las empresas a invertir.

Al sistema educacional chileno le está entrando agua por todas partes y ya demasiadas generaciones de chilenos han recibido una educación mediocre que impide la movilidad social. Es por esto que la reforma debe ser ambiciosa, emulando a los sistemas educacionales del mundo desarrollado, integral y de rápida aplicación.

Además de la responsabilidad financiera del estado de otorgar educación gratis a todos los niños, sin discriminaciones, el proyecto de ley que reemplazara a la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), tiene como tema central la calidad de la educación. Para ello, establece una Comisión Nacional de Acreditación que velará por la calidad y una Superintendencia de Educación que hará las veces de watchdog. Sin embargo, el proyecto no menciona el rol de los profesores, los que en el día a día estarán a cargo de entregar una educación de calidad, ni el rol del estado en cuanto a la capacitación mínima de sus funcionarios.

Si bien la falta de infraestructura también es un problema central, la educación es mediocre principalmente por que los profesores no están capacitados para entregar una educación que lleve a Chile al desarrollo. El estado debiera incluir en sus responsabilidades el capacitar a su fuerza de trabajo y en sus poderes, el exigir a los profesores que estudien en forma gratuita una maestría en Educación elaborada por el Consejo Académico (o su equivalente) o que se retiren. De esta forma, podría haber una renovación de la planta académica en el corto plazo, lo que más que cualquier otra reforma, sería un salto cualitativo para las nuevas generaciones.

Aquí en Estados Unidos, si una persona que ya tiene un título universitario quiere ser profesor/a en un colegio público, tiene que postular a un programa estatal de enseñanza. Luego de pasar por una evaluación por parte de un comité de profesores que incluye pruebas estandarizadas y entrevistas, el postulante debe estudiar una maestría gratuita en Educación y trabajar como asistente en la sala de clases. Los sueldos son tan buenos, que la competencia por entrar al sector educacional público es intensa, lo que tiende a asegurar un estándar de calidad en los profesores y, por ende, en la educación.

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