Por Camila Vergara
El voto es un acto por el cual los ciudadanos de un país eligen a candidatos que los representan para que desde el gobierno puedan actualizar los principios que simbolizan y satisfacer las demandas de sus electores. El voto es un acto libre, voluntario y, en cierta medida, irracional en términos económicos. Debido a que el voto de un solo individuo no cambiará el resultado de la elección y el trámite de la votación es un costo que muchos quisieran obviar, un sector de la población en edad de votar elegirá quedarse en su casa en vez de ejercer su derecho ciudadano.

Es por esto que en países donde el voto es voluntario, la legitimidad y competitividad del proceso eleccionario se puede medir por el grado de abstención. Entre menos gente acuda a las urnas, el Presidente elegido obtendrá un porcentaje menor del universo total y, por ende, tendrá menor legitimidad. ¿Pero qué pasa en Chile, donde casi de un tercio de los ciudadanos no está inscrito en los registros electorales, y el resto está obligado a votar? ¿Cómo podemos constatar la legitimidad y competitividad de la elección si no es por la abstención de los ciudadanos?
En su columna de hoy en La Tercera, Patricio Navia quiere convencer a los ciudadanos que se identifican con los principios de izquierda a votar por el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, argumentando que si “un concertacionista se siente decepcionado de la incapacidad de los líderes partidistas para escuchar la voz de la gente, legítimamente puede votar para que el candidato de la Alianza sea el próximo Presidente.”
Sin embargo, el voto no es necesariamente un acto racional, a través del cual se seleccionan libremente medidas, bajo un criterio de eficiencia, y se castiga a los que no las cumplen votando por otra coalición. Una cosa es el voto de protesta, el voto nulo o la abstención, y la otra es votar por alguien que no te representa.
El sugerir en su columna votar por Piñera como algo legítimo de hacer para los simpatizantes de la Concertación es una invitación a la venta de principios, a legitimar a un candidato y sus partidos, sin representación real, a ser cómplices por acción (y no por omisión) de lo que Piñera hará durante su mandato. ¿Debería Codelco ser privatizada? ¿Debería la píldora del día después ser distribuida gratuitamente en consultorios? ¿Debiera legalizarse el aborto? ¿Debiera haber educación sexual en los colegios? ¿Debieran los gays y lesbianas tener los mismos derechos que los heterosexuales? ¿Debieran las Isapres discriminar por sexo, edad, o preexistencia? ¿Son la educación y salud de calidad un derecho o un commodity?
Si los concertacionistas desilusionados siguen el consejo de Navia y votan por Piñera como castigo a la Concertación, ¿cómo sabremos cuántos de esos votantes realmente son de derecha y cuántos son sólo votos de castigo, cuántos apoyan los principios morales encarnados por los partidos de la Alianza y cuántos quisieran un Chile más liberal?
Las elecciones no son un juego en el que el voto se va al mejor postor (al menos no todos votamos de esta forma), sino una vía para elegir los principios que quieres que se materialicen durante un gobierno. El voto no es una forma de cambiar de marca, como quien de un computador PC se pasa a un MAC y vice versa, dependiendo del modelo. Incluso esta decisión de cambiar de sistema operativo es una decisión con más peso que la que Navia propone. Si te cambias de un PC a un MAC, lo más probable es que sea definitivamente. ¿Significará entonces que los que voten por Piñera, en afán de protesta, adoptarán también los principios conservadores, formando una nueva mayoría de derecha en Chile? ¿Cómo sabrá el candidato de la Alianza si tiene o no un mandato para transformar el país?
Navia hace caso omiso de la opción de votar nulo, del legítimo espacio de protesta entre el voto por Frei y el voto por Piñera. Al parecer, para él es lo mismo castigar a la coalición que comparte sus principios, pero que está tan corrupta y colapsada que ya no lo representa, que darle su voto a la coalición opuesta, que no representa sus principios. Sin embargo, es muy distinto castigar a tus cercanos no dándoles tu voto, que legitimar a tus adversarios dándoles tu apoyo explícito.
En contraste a lo que Navia postula, yo diría que es el voto nulo el que realmente representa el descontento con las prácticas de la Concertación, las que han sido fomentadas por el sistema político que ha hecho a esta coalición hegemónica. Si los descontentos concertacionistas eligieran votar nulo en vez de darle su voto a Frei o a Piñera, al menos habría información acerca de cuántos chilenos adhieren a los principios progresistas de izquierda y están en contra de la corrupción y el sistema electoral poco participativo que la sustenta.



El voto nulo es un acto de protesta. Pero, es útil? Es más útil que las encuestas de popularidad del/la presidenta? Lo dudo.
Hay que recordar que entre tanto castigo, cabezas rodantes y por rodar, habrá un feliz ganador. Sólo un par de personas recordarán “el mensaje”, más allá del 17 de enero. Es cierto, el voto nulo tendrá la utilidad de dar cierta paz testimonial a quien lo emite: no compromete apoyo (siempre hablando desde la perspectiva de un concertacionista desencantado). El problema es que en este caso, un castigo a la concertación por su falta de democracia interna en este punto de la elección roza el chiste, dado que eso favorece, premia, al sector que apenas conoce de eso y al que ni siquiera le preocupa. Esperanzas de reformas de partidos políticos con la coalición por el cambio? Para qué hablar de cambios constitucionales. Es decir, premio y (peor aún) empoderamiento a quienes menos quieren cambios.
Desde luego, para quienes deseen aparecer coronando al ganador y disfrutando del nacimiento de un nuevo Chile, castigar a la concertación votando por Pinera no sólo es legítimo sino, probablemente, liberador. Porque las responsabilidades colectivas pesan. De paso, siempre se puede decir (no sin algo de razón) que 4 años pasan volando y que un recreo le puede hacer bien a la concertación.
Si, por otro lado, los votantes desencantados “perdonan” a la concertación (y ésta gana) tendrán que soportar el tedio de cambios a veces demasiado lentos. Siempre lejos de partidos de centro-izquierda de democracias ejemplares como….. De todas maneras, difícil elección.
Votar nulo o blanco puede servir para las estadísticas, pero no para el país. Votar nulo es más un castigo al país que a la Concertación…
El mundo progresista por otra parte, debe hacerse cargo de su responsabilidad (irresponsabilidad o flojera), de no haber sido capaces de levantar una alternativa real de cambio mucho antes. Cuando digo “real” obviamente me refiero a algo muy diferente que lo que apareció a último minuto con MEO, tanto en la forma como en el fondo.
La supuesta utilidad de contar los votos nulos, y con ello dejar un mensaje al futuro gobierno, es de un beneficio tan infinitamente menor al lado de la gravedad que constituye el hecho que gobierne la derecha nuestro país que darse el gustito de no dar el voto a Frei a estas alturas me parece una irresponsabilidad, especialmente cuando muchos de los que critican ahora a la Concertación por sus desaciertos, no fueron capaces de acudir a ninguna instancia de participación para expresar sus puntos, ni de sumarse o crear algún tipo de movimiento alternativo en estos 20 años… Votar nulo es restarse, es marginarse, desentenderse y culpar a otros, es el camino fácil, cómodo y cínico… Votar nulo es votar por la derecha. La derecha busca sistemáticamente el voto nulo, no para saber cuántos progresista hay en Chile, sino para llegar a la Moneda con una minoría…
Navia es un tipo que no supo controlar su infinito ego. Su vanidad cegó completamente su capacidad de analisis. Navia es uno más de los muchos “opinólogos” absolutamente sobrevaluados por los medios de comunicación, y por nuestra sociedad mayormente ignorante. Su arrogancia pudo más que sus principios y la idea de “poner condiciones” al futuro presidente del país lo sobre-excitó al punto de hacer el ridículo como muchas veces pasa en otras instancias de la vida… En menos de 24 horas conoció lo que pasa cuando pololeas con la derecha. De paso enterró el prestigio que pudiera quedarle luego de la candidatura de MEO, y por supuesto enterró cualquier posibilidad de MEO como líder futuro.
El tema aquí para quiénes recordamos lo que fue la dictadura porque la vivimos, es reconocer que somos un país Latinoamericano y que desde nuestra realidad debemos reconocer algo simple y concreto: La Concertación con todas sus metidas de pata, representa, por lejos, el mejor Gobierno en America toda de los últimos 20 años (tal vez con la excepción de Canada). No existe otro país en America que haya sido mejor gobernado que Chile en los últimos 20 años (o menos mal). Eso es suficiente para quedarse sentados?? NO. Se puede y se debe hacer mucho más, pero el criterio de partida es el respeto a los principios, y evitar un gobierno de derecha.
El voto nulo es un voto inútil en su forma y su fondo. No ayuda a crear un país mejor. El voto por Frei no es garantía de grandes mejoras, pero al menos es un principio. Porque algo ya cambió a partir del 13 de Dic. y sólo depende ahora de los que se sienten progresistas hacerlo útil.