Por Carlos Encina
Periodista y Master in International Affairs, The New School.
02/03/2010
El peor déficit en una sociedad es la falta de pensamiento crítico. Si la opinión pública, los círculos intelectuales y el periodismo observan la actualidad con la flojera mental con la que un baboso espectador sigue un partido de ping-pong el diagnóstico no es alentador.
Los dramáticos acontecimientos que han golpeado al país –terremotos, maremotos, explosiones de violencia, saqueos, pillaje e inoperancia política y militar― evidencian cómo el gobierno, con la complicidad de los medios de comunicación y la total apatía de la opinión pública nacional, ha sido capaz de imponer una narrativa oficial que pocos están contestando.
A más de tres días de ocurrido el terremoto el tono de la discusión ha sido más descriptivo que explicativo. En breve, el qué ha remplazado al por qué. Por ejemplo, sabemos que en el sur de Chile se han producido graves incidentes de violencia. Algunos motivados por necesidades impuestas por la falta de agua y alimentos, otros por personas que se han aprovechado de las circunstancias para apropiarse de bienes como televisores de pantalla plana u otros electrodoméstico, evidenciando las prioridades de una sociedad de consumo. También sabemos que ha habido hechos de violencia mucho más profunda y destructiva como ha sido la quema, al parecer intencional, de casas comerciales y saqueos a casas particulares.
Todas estas respuestas responden al qué, pero no explican el por qué de esta violencia. La respuesta del lumpen-ladrón-delincuente no es satisfactoria. Tal vez esta narrativa oficial puede explicar la motivación detrás de algunos de estos actos, pero no lo que durante las últimas horas hemos presenciado. El sentido común sugiere que la causa del malestar es la desigualdad social. Odio comprimido que fue liberado con el movimiento telúrico. Las desastres naturales removieron los cimientos del país haciendo que los marginales, los de abajo, los excluidos, la periferia haya abandonado la invisibilidad, incomodando al Chile del bicentenario. 
Hace algunos años en Estados Unidos presenciamos con asombro la respuesta del gobierno a las inundaciones que afectaron a New Orleans luego de que el Huracán Katrina golpeara el sur de este país. Se dieron muchas explicaciones respecto a la reacción del gobierno y la violencia que se originó durante esos días. Sin embargo, de forma paralela a la narrativa oficial se levantó una verdad no oficial, una contra narrativa. La respuesta de la administración de George W. Bush fue lenta e ineficaz porque los afectados eran, en su mayoría, afroamericanos y pobres. ¿Cuál es la contra narrativa para entender la violencia que hoy afecta a Chile?
Durante los últimos 20 años se han gastado cientos de millones de dólares en armas. Gran parte de estas compras han sido financiadas con los dineros generados por las empresas nacionales extractoras de cobre. Por ejemplo, 600 millones de dólares gastó el gobierno de Ricardo Lagos por diez F-16 hace algunos años. Sin embargo, esta crisis ha demostrado que el ejército no tenía teléfonos satelitales ni, al parecer, aviones capaces de transportar agua, de manera pronta, a zonas afectadas por catástrofes. ¿Cuál es el rol del Ejército chileno hoy? ¿Están los ciudadanos, de acuerdo en cómo se están gastando sus recursos? Por lo demás ¿quiénes se beneficiaron con estas compras de armas? ¿Quiénes fueron los beneficiarios del publicitado offset que prometía el retorno de una cantidad similar a la invertida? ¿Quién en las Fuerzas Armadas va a pagar el costo no sólo por no haber anunciado un posible maremoto, sino que por haberlo descartado, desinformado a la opinión pública? Muchos ciudadanos murieron por la inoperancia del Ejército. Que el ministro Vidal reconozca que hubo errores no es suficiente. 
El presidente electo, Sebastián Piñera, no se cansa de repetir una y otra vez la necesidad de llamar a un gobierno de unidad. En momentos de crisis no hay nada más peligroso que el group thinking. ¿O acaso nadie recuerda los costos para la democracia y la reputación internacional estadounidense luego de que el parlamento actuara casi en bloque para aprobar invasiones y expandir el poder del Estado norteamericano a través del Patriot Act?
Lamentablemente, éstas y muchas otras preguntas siguen estando ausentes en la discusión pública, mientras todos siguen distraídos con el robo de unos cuantos televisores de plasma.


